martes, 20 de junio de 2017

¿Norma o excepción?

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.

La normalidad es una cosa muy frágil, en seguida se quiebra, aunque necesitamos cierta sensación de que existe una sucesión natural de acontecimientos que sólo muy de vez en cuando se ve alterada.
El problema está en identificar y cómo reaccionar a la anormalidad.
Con bastante lógica, algún estudio reciente defiende que las dos guerras mundiales y los genocidios nazis forman parte nuclear de nuestra historia, que solemos definir como racional, civilizada y democrática, pero hemos ido apartando como algo extraño a nosotros "la iniciación increíblemente brutal del propio Occidente en la modernidad política y económica", un proceso marcado por la "violencia, desarraigo y destrucción a gran escala". No solo, pero el colonialismo pasado y presente están ahí.
En esta línea de pensamiento Trump no sería una excepción, un extraterrestre multimillonario salido de la teletienda e instalado en la Casa Blanca, sino que representa a una parte no menor del Partido Republicano.
Las crisis financieras, ¿son una excepción al buen funcionamiento de la economía o una parte consustancial?
En poco más de una semana hemos asistido al derrumbe del sexto banco español -mi hija, diez años, me preguntó si el Banco Popular era del Partido Popular, no supe qué decirle, no supe explicar nada coherente que enlazara al Opus, Pau Gasol y Rafael Hernando-, quiebra que se produce tras superar todo tipo de pruebas de resistencia, supervisión pública y auditorías privadas, mientras sus dos últimos y máximos responsables se embolsan unos 30 millones de euros.
El ministro de Economía difunde un mensaje tranquilizador en el sentido de que la quiebra no costará un céntimo público, pero también dijo lo mismo al comienzo de la crisis y la factura pública para salvar la banca se eleva hoy a 48.228 millones de euros. El caso Popular, ¿es norma o excepción de la banca española?
Como en un ejercicio matemático, han salido dos trenes de Madrid y Barcelona en sentido contrario y por la misma vía a toda velocidad, si sabemos que los maquinistas no han movido un dedo por evitarlo y el choque se producirá a finales del verano de 2017, ¿no habrá que pensar que la situación beneficia a las dos partes, que el PP es una fábrica de independentistas que se lo cobra en votos en el resto de España y los independentistas necesitan al PP como el oxígenos para respirar?
Si un partido político tiene imputados a todos los responsables de finanzas que lo han sido en las últimas tres décadas y los procesados militantes y excargos públicos su acumulan por centenares, esto sería ¿norma o excepción?
Se dice que nuestros militares, no se sabe si aprendido en la Academia o cosa genética, encarnan unos principios y valores excelsos y un comportamiento sin tacha, ya los 125.000 en activo ya las quince decenas de miles que han participado desde finales de los 80 en operaciones internacionales por medio mundo (muchos han repetido, no ha salido tanta gente). Sin embargo también conocemos fraudes de los oficiales del Aire cargando al presupuesto público mudanzas inexistentes, irregularidades en la gestión del Hospital Central de la Defensa, en la base aérea de Getafe, en las zonas oscuras de los grandes contratos de armamento, menudeo de hachís entre la tropa. ¿Cuál es la norma?
La normalidad es una ficción que nos permite levantarnos todas las mañanas. Pero para mantenerla es imprescindible revelarse contra lo que llamamos excepción, porque si no los genocidios, las ruinas retribuidas, el descontrol celular, el robo de dinero público, entran dentro de la normalidad e incluso la protagonizan.
Y en este caso cada vez más gente se sumará a las tendencias más peligrosas de la época: odio intenso a supuestos enemigos, intentos de reconstruir una edad de oro perdida -e inventada- y la autoafirmación a través de una violencia cruel y espectacular (esta última frase, desde los dos puntos, tomada de la solapa trasera del libro "La edad de la ira", del analista indio Pankaj Mishra, Barcelona, Galaxia Gutemberg, marzo de 2017 en su edición digital; las comillas del principio proceden también del libro).
Ante una crisis que parece generalizada, lo más sensato parece dejar de hacer lo que hemos comprobado que no funciona. Si todas las intervenciones militares occidentales en Oriente Próximo y Medio han sido en lo que va de siglo un fracaso, quizá no sepamos lo que hay que hacer, pero sí tenemos ejemplos propios a evitar.
"La única solución es dejar de hacer lo que venimos haciendo y dejar de destruir el planeta. Asumamos el pensamiento apocalíptico y démonos cuenta de que lo que estamos haciendo nos conduce inexorablemente al final", dice Mishra.
"Creo que tiene que haber un esfuerzo concertado -añade- no sólo de los pensadores, de los economistas y de los políticos, sino también de la sociedad entera, de las instituciones y de las ONG, para ir más allá de la noción del homo economicus que ha prevalecido durante el último siglo y que nos ha llevado al callejón sin salida donde estamos".
El remedio vendrá no por quienes han demostrado su incompetencia o su competencia extrema en contra del interés general.
La salud de nuestra normalidad depende de cómo se trata lo excepcional. Si no recibe trato de excepción pasa a la norma que queda contaminada de su falta de credibilidad y de expectativas.


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martes, 13 de junio de 2017

Ramadán karim

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Jugadores del Real Madrid -Isco (a quien parece que le han difuminado 
unos tatuajes), Casemiro, Vázquez y Ronaldo- felicitando el Ramadán 2017
 todos los musulmanes de Arabia Saudí (anuncio para la STC, Saudi
 Telecom Companypatrocinador del equipo, aquí en Youtube).
Sucede que cerca de dos millones de personas andan en España contentas celebrando el Ramadán, que como viene siendo habitual en las festividades de todas las religiones combina en diferentes dosis contenido espiritual, la alegría de los menores de edad, actividad nocturna y el calorcillo que da el sentido de pertenencia a una comunidad.
Como recordatorio, Ramadán da nombre a un mes del calendario lunar islámico (este año aquí entre el 27 de mayo y el 24 de junio), conmemora el inicio de la revelación del Corán al profeta Mahoma y prescribe abstenerse de comer -y de otros asuntos- hasta la caída de la tarde, permitido desde ese momento hasta que se distinga un hilo negro de un hilo blanco, dice poéticamente el texto sagrado, es decir, hasta que amanece.
Buen momento para refrescar datos. Como el color de piel y la confesión religiosa no forman parte en esta península de la información del censo, no así en otras democracias avanzadas, acudamos a la Unión de Comunidades Islámicas de España.
Según el último informe de la UCIDE la población musulmana en España es exactamente de 1.919.141 personas, y desde hace un par de años la nacionalidad mayoritaria entre los fieles de esta confesión es... la española (804.000), seguida de la marroquí (753.000), Pakistán (78.000), Senegal (62.000) y Argelia (61.000).
La mayor parte de los musulmanes españoles proceden de inmigrantes nacionalizados y sus descendientes, más los compatriotas de esta religión de Ceuta y Melilla, más una minoría que ha abrazado esta confesión desde otros orígenes.
El Ramadán se presta a felicitar a los musulmanes. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha difundido hace unos días un mensaje en el que reconocía "la enorme contribución de los musulmanes canadienses  a nuestro país y su papel en hacer Canadá el lugar fuerte, abierto e inclusivo que hoy es".
El expresidente Obama también tuvo la tradición de invitar cada mes de Ramadán a representantes de la comunidad musulmana a la Casa Blanca. El actual inquilino no parece dispuesto a continuar con la práctica de sus tres antecesores.
Sin llegar a tales extremos, encontramos que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha felicitado educadamente a los musulmanes en este mes, lógico ya que su departamento es quien tiene las relaciones institucionales con esa y cualquier confesión religiosa.
El recientemente elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, también ha felicitado en Twitter a los musulmanes, para espanto de la caverna, que ha mezclado el asunto con las justificadas críticas lanzadas esta Semana Santa al ministerio de Defensa por izar la bandera nacional a media asta entre el jueves y el sábado de esa semana por la muerte de Jesucristo. Churras con merinas.
El interés de esta columna viene ahora, porque en Madrid y Córdoba -al menos- se han organizado durante estos días una serie de iniciativas culturales dirigidas a todo el mundo.
Afortunademente, como alguno pudiera temer, entre las actividades no se encuentra atar a la gente a una silla y obligarles a memorizar azoras del Corán.
El Ayuntamiento de Madrid, bajo el nombre de "Noches de Ramadán", ha elaborado un programa "en el que cabe el cine, la música, la poesía, la literatura, los homenajes, la danza y los debates, como formas de encuentro y acercamiento entre culturas".
Me atrevo a recomendar el día 23 en Lavapiés un concierto de la cantante argelina Souad Massi.
Por su parte, Casa Árabe ha organizado en Córdoba un festival cultural que incluye cine, conferencias, música, presentación de libros, visitas y hasta un concierto de jazz.
Resumiendo, el Ramadán es una ocasión estupenda para acercarse a los cercanos que no son exactamente como nosotros.
Coda final con dos consideraciones.
Una es la impresión de que el 10% de la población en España de origen inmigrante -insisto, cada vez más españoles, con los mismos derechos y obligaciones- parece que se divierten por su cuenta, se coincide en lugares de trabajo y se vive en paralelo especialmente el ocio.
La segunda es que existe un peligro de reducir a los inmigrantes a su confesión religiosa, la interlocución del Estado es con asociaciones de fieles, en las que ignoro si los ateos de cualquier origen y nacionalidad se sienten representados.
En cualquier caso, estos días nos ofrecen un motivo oportuno para acercarse y compartir actividades con los ciudadanos en España de confesión musulmana, especialmente magrebíes y pakistaníes.
Que Feliz Ramadán.

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lunes, 5 de junio de 2017

Campaña de comunicación en Defensa

PColumna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Nota de consumo interno para los distintos departamentos de nuestra agencia (creativo, financiero y de producción) sobre la estrategia de comunicación encargada por el Ministerio de Defensa. Sus responsables trasladan dos ejes y un objetivo. Primeras impresiones.
Por una parte, en los primeros contactos el cliente parece convencido de que los españoles conscientes de la importancia de la seguridad son una minoría iluminada, mientras que la mayor parte de la sociedad vive en la ignorancia y debe ser convertida a la religión verdadera.
Los responsables del Ministerio y de las Fuerzas Armadas se muestran preocupados de que en todas las encuestas la mayoría de los españoles opinan que la Defensa tiene suficiente presupuesto.
Habría que encontrar un equilibrio entre el proselitismo y argumentos más racionales.
Se nos indica también que se podría aprovechar la conciencia europeísta de la sociedad española, supuestamente elevada, para bajo ese paraguas justificar un sensible incremento del presupuesto.
Cliente: ministerio de Defensa. Plantear en próximas reuniones a sus responsables que los objetivos propuestos serían más fácilmente alcanzables si el marco de la campaña fuera la seguridad nacional, concepto más amplio que la Defensa, la factura se repartiría entre varios.
Argumento a calibrar: si se trata de seguridad nacional la coordinación y los hipotéticos réditos políticos recaerían en Moncloa (Presidencia) y Soraya Sáenz de Santamaría, en lugar del ministerio de Defensa y María Dolores de Cospedal.
Objetivo: conseguir respaldo social para duplicar el gasto en Defensa, desde los 10.000 millones de euros anuales de la actualidad hasta aproximadamente 18.000 millones, en cumplimiento de una cumbre de la OTAN de 2014 que fijaba ese objetivo en una década. Cabe matizar que el PP gobernante en cinco años no ha incrementado el presupuesto del Departamento, con los que los mensajes no es imprescindible que se correspondan fielmente con la realidad.
Eje cultura de la defensa: los responsables con los que nos hemos reunido trasladan un concepto confuso, que denominan "cultura de la defensa", que parece significar algo parecido a un apoyo incondicional a lo que se decida en el Ministerio y las Fuerzas Armadas, sea lo que sea. Por las referencias la tan mencionada cultura de la defensa podría englobar conocimiento sobre asuntos de seguridad (riesgos e instrumentos) y conciencia nacional tradicional conservadora, todo mezclado.
Eje Europa: parece irse formando un criterio compartido por responsables políticos de la derecha conservadora gobernante, de la izquierda socialista en la oposición y del extremo centro, también por parte de profsionales de la Defensa en activo con uniformidad militar y civil, en el sentido de que la única vía para justificar un crecimiento considerable del gasto militar sería enmarcarlo bajo un proyecto de Defensa europea. En contra de esta opinión cabría recordar que el apoyo ciudadano a la UE en España ha bajado treinta puntos en una década, no alcanza hoy ni el 50% y que ha cambiado la tendencia tradicional, hoy el votante de derechas se define más europeísta que el de izquierdas, consecuencia clara de la gestión de la crisis en una determinada dirección.
Público objetivo: 46 millones de españoles. La comunicación que difunde el ministerio de Defensa prácticamente desde su creación en 1977 tiene un carácter autorreferencial, el emisor y el destinatario de los mensajes coincide en su mayor parte. El núcleo duro lo forman los militares y miembros de los cuerpos policiales que junto a parientes de primer grado pueden alcanzar un millón de ciudadanos. El discurso es compartido en su mayor parte por 11 millones de personas que votaron en junio de 2016 al Partido Popular y a Ciudadanos. Por tanto, el destinatario preferente de otra comunicación serían los 34 millones de españoles restantes, siempre con el riesgo de que los mensajes para convencer a unos puedan provocar el rechazo de los otros.
Instrumentos: desde el ministerio de Defensa no se ha hecho pública ni se ha trasladado en privado ninguna amenaza de la que España carezca de medios para responder. El incremento presupuestario sería para hacer más de lo mismo, lo que evidentemente no se puede comunicar así al ciudadano. Se propone poner el acento en ciberseguridad, de total actualidad, fácilmente comprensible por el público objetivo.
Acciones: de cara a la opinión pública interna y a los contables de la OTAN se podría incrementar el presupuesto en cooperación internacional sobre la que los españoles se muestran muy favorables. La relación directa entre desarrollo y seguridad es evidente. Recordemos que el gasto español que se quiere duplicar se calcula por la OTAN y otros organismos internacionales tomando al Gobierno en su conjunto, no solo Defensa.
El presupuesto de 2016 de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo es la cuarta parte que el de 2009.
Se propone además plantear al ministerio de Defensa destinar a Comunicación el coste equivalente a un solo caza Eurofighter, en torno a 80 millones de euros, a dividir a partes iguales entre publicidad y la contratación de 500 periodistas o profesionales de comunicación.
Antes de celebrar las próximas reuniones con el ministerio de Defensa consultar con el departamento financiero de nuestra agencia sobre el cumplimiento de los objetivos de negocio este 2017. Cuanto peor sea el resultado bajar la discusión con el cliente sobre lo acertado o no de sus objetivos.

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martes, 30 de mayo de 2017

Los límites de mi incompetencia

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
El dolor lumbar es mucho más que un dolor. La Coca Cola, mucho más que un refresco. Pedro Sánchez es mucho más que un secretario general, leemos.
Sólo los futbolistas profesionales, con el ego y la cuenta corriente acolchados, por ejemplo cuando pasan una lesión, ponen como objetivo en su vida volver a estar a la altura de su nivel anterior. Si nos dieran a elegir, el común de los mortales aspiraríamos a superar ampliamente el nivel nunca alcanzado en nuestra biografía.
Después de una operación de apendicitis a uno le gustaría tocar la guitarra como Tomatito o Cañizares, jugar al fútbol como Iniesta, tocar el piano como Chano Domínguez, Dorantes o Diego Amador, y pronunciar discursos como Luther King y sus colinas rojas y sus imágenes religisoides (con palmero detrás incluido, el que dice bajito "muy bien, muy bien"), nunca elegiríamos volver al nivel previo a la operación.
Hay un punto bueno de insatisfacción o de afán de superación en esto de romper la categoría y pasarnos, pero convendría ajustar los productos y su etiqueta.
Lo anterior viene a cuento de la fórmula tan manida de etiquetar cualquier presentación o anuncio con "más que" lo que sea. Leemos al parecer "más que un periódico" (y además es global, un paso más que mundial); el equipo de fútbol es "más que un club", el Ejército de Tierra promociona nada menos que la Brigada Polivalente y descubrimos pasmados que es "más que una brigada".
Un conocido me sorprendió un día en la cocina de un tercero con el anuncio de que las pirámides de Egipto tenían mil años más de lo que se reconoce, con lo que las de Guiza pasarían de 2.500 años antes de Cristo -que no es poco- a un milenio atrás. Con el comentario pulverizaba dos siglos de egiptología y me trasladaba desayunando el mensaje de que hablábamos de mucho más que de pirámides, probablemente de extraterrestres. Las pirámides, sobre todo antes de despertarme del todo, me parecen una construcción lo suficientemente rotunda como para incluso ir más allá de ellas mismas.
Bastante difícil está cumplir todos los días de la semana con el planeta como para ir derribando barreras por nuestra cuenta.
Seamos sensatos y reconozcamos que el mejor periódico es un periódico, y hacer un buen periódico es tarea complicada; que un equipo de fútbol es un equipo de fútbol, con su capacidad de convocatoria, sus deudas con Hacienda y su carácter de referente simbólico de una comunidad; y una brigada militar es una brigada.
Tiene que llover mucho para desbordar una presa, mucho tiempo lloviendo mucho, y no es la presa quien decide desbordarse.

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martes, 23 de mayo de 2017

Peligro: islamofobia

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
El ministerio del Interior alemán contabilizó en 2016 más de 3.500 ataques contra refugiados y centros de acogida, diez diarios, agresiones violentas de carácter racista en su mayor parte a manos de personas de extrema derecha.
El dato refleja un problema de seguridad claramente superior a su presencia en los medios de comunicación. Se podría relacionar lo anterior con la investigación en marcha en las Fuerzas Armadas alemanas a raíz de al menos dos militares que preparaban atentados haciéndose pasar por refugiados. Racismo.
¿Sucede algo similar en España? Vayamos al ministerio del Interior, que dedica un apartado específico a estos asuntos en su web y ofrece estadísticas.
Define el Ministerio como delitos de odio todas aquellas infracciones penales y administrativas cometidas contra las personas o la propiedad por cuestiones de raza, etnia, religión, edad, discapacidad, orientación sexual, por razones de género, situación de pobreza y exclusión social o cualquier otro factor similar, como las diferencias ideológicas.
Precisamente el Gobierno Rajoy modificó en 2015 el Código Penal en este sentido, amplió y endureció este apartado -artículo 510-, de relativa actualidad por titiriteros, tuiteros y Carrero Blanco, que aquí se han encajado, compartiendo sanción penal con conductas racistas que parecen más peligrosas que aquéllas. La reforma se hizo con cierta obsesión sobre lo que circule por internet, y se acompañó en el tiempo con una modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que ha creado la figura del agente encubierto informático, un policía discreto en las redes.
Contempla la normativa con mayores penas las acciones de incitación al odio o la violencia contra grupos o individuos por motivos racistas, así como actos de humillación y menosprecio.
El ministerio del Interior contabiliza en el último año del que ofrece datos (2015) un total de 1.328 incidentes en España relacionados con delitos de odio (cuatro diarios), de los que se esclarecen la mitad, se entiende que encuentran culpable o se abren diligencias en la mitad de los casos.
Los ámbitos que mayor número de incidentes registran son los de racismo y xenofobia (505), ideología (308), discapacidad (226), orientación o identidad sexual (169, éste es de los pocos que muestra tendencia a la baja), y con cifras ya más bajas creencias o prácticas religiosas (70) y cierra el catálogo el antisemitismo (nueve casos en un año).
Los casos anteriores tuvieron 1.166 víctimas, en un 73% españolas; los responsables fueron 464, en un 80% de los casos españoles.
Sorprende que el Ministerio no contemple la islamofobia como categoría delictiva o estadística, diluida entonces en otras figuras como racismo y aporofobia (odio al pobre), también sexismo.
Podemos acudir a otra fuente, aunque sus datos no sean comparables con los de Interior.
La Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia ha presentado recientemente, por tercera ocasión, su informe anual en el que registra 573 incidentes de islamofobia en España en 2016, cifra que duplica la del año anterior. 
"La islamofobia es la praxis más extendida de intolerancia en España", destaca el informe, que detalla por tipo de incidente como los más frecuentes los ataques contra los musulmanes en general (284), contra las mujeres (81) y 72 ataques a mezquitas (léase lugares de culto, mezquitas con alminar y almuédano hay muy pocas).
La Plataforma rastrea redes sociales y medios de comunicación en busca de abundantes ejemplos de islamofobia, que relaciona.
Dos curiosidades. En este informe sobre islamofobia aparece una encuesta internacional que refleja la percepción generalizada en países occidentales que el porcentaje de musulmanes es muy superior al real, en España se cree que son el 14% de la población y la realidad ronda el 4%.
De los datos del ministerio del Interior llama la atención que el mayor número de casos de racismo se registran en el País Vasco y Cataluña (luego van Madrid y Andalucía).
Lo anterior da pie para traer a esta columna a un personaje de actualidad como Marta Ferrusola, que ya en 2001, en pleno reinado de la dinastía Pujol en Cataluña, alertaba del riesgo de desaparición de las iglesias románicas sustituidas por mezquitas. En muchos aspectos, los Pujol-Ferrusola han sido unos adelantados a su tiempo.
Los nacionalismos -todos- nunca se han llevado bien con la inmigración, la diversidad y la tolerancia, y en muchas ocasiones presentan tendencia a saltarse la ley.
Volviendo a la seguridad, la realidad de la calle parece que va por caminos distintos al discurso generalizado en política y medios de comunicación sobre amenazas y riesgos, con el terrorismo radical islámico como justificación macro de todo lo que ocurre y de todo lo que se hace, ya sea policial, industrial o militar.
En términos de convivencia, de cohesión social e incluso de número de delincuentes y víctimas, destaca el racismo y más específicamente la islamofobia como el fenómeno más preocupante, junto con un mercado ilegal de armas descontrolado, en Bengasi o en Bilbao, este mismo año la policía se incautó en nuestro país de 9.000 fusiles de asalto militares (no sé si existen fusiles de asalto civiles).
Aparentemente los responsables políticos y los organismos que se dedican a la seguridad conocen todo esto, aunque su discurso público se oriente en otra dirección.
El crecimiento de la islamofobia, como variante mas frecuente de los delitos de odio, sería una conquista del terrorismo yihadista, sería su mayor logro, junto con excesos de la lucha antiterrorista que limiten las libertades de los ciudadanos.
Sin establecer comparaciones, ahí quedan amenazas tan serias al menos como las que se utilizan a diario para asustarnos.

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